miércoles, julio 23, 2008

Me animan los fallos técnico-nucleares

Estos dos últimos días no he andado muy bien que digamos. He estado un poco deprimido por algunas cosas “repetitivas”. “Ando con el moco caído”, diría mi Mamá.

Siempre me han llamado la atención los intentos de descripción de una persona a través de su signo zodiacal o chino. A veces siento que le atinan…

Hay una amiga de nosotros con mi pareja muy querida, que es italiana, más joven, buena onda, media shuca(1), malhablada, vegetariana, alegona y, sobre todas esas cosas, increíblemente impaciente.

Hace unos años, dos, tres, antes de que se convirtiera en la amiga muy querida de nosotros, comencé a recibir clases con ella de Italiano, muy bien todo hasta que…

[Yo tengo una manía de niño por las personas con la última característica de esta patoja(2): la impaciencia. Que cuando comienzo a tenerles confianza, no hay forma de que evite joderlas. ¿Por qué? A saber, pero llego a disfrutar tanto eso que, me ayuda a disminuir el tamaño que les doy a mis tensiones, dolencias, penas, etc… ¿Disminuir o pasárselas?, no sé, pero de que me ayuda mucho, sí.]

…le comencé a tener confianza y todo empezó, o, todo acabó. Nuestras clases no duraron más de cuatro semanas, exagerando.

Hoy, llegando al trabajo no me sentía muy bien, como les contaba. Pero, como enviado del cielo, entró a mi teléfono, un mensaje de texto, de ella, de mi queridísima, amiga-enemiga, Michela. Pidiéndome el número de teléfono de mi pareja porque lo había perdido.

Para no aburrirlos, les iba a resumir el intercambio de mensajes de texto, pero no creo que me salga chistoso como lo sentí en su momento, así que, se los copio literal. Lean entonces.

Michela: “Saludos a los 2…perdí número de rosa…me lo puedes mandar…un abrazo michela”.

Yo: “Un momentito x favor… Procesando info…”

Yo: “Resultado d solicitud… -Le informamos, Srita Michelodium, q no se ha procesado correctamente su petición x fallos técnico nucleares. X la gravedad dl fallo, la estaremos atendiendo, gustosamente, hasta la tercera semana del mes de agosto dl presente año”.

Yo: “Gracias x su paciencia. –Xq esperamos q la tenga. Jejeje-”

Y, temiendo lo peor en su respuesta, me adelanté terminando…

Yo: “Tan brava la mara italiana. Ahí tá pues, (le di el número). Uuun abrazoteee”

Michela: “A la gran y tantas babosadas para escribirme un número…”

Se los dije.

Yo: “Wajajajaja”

Michela: “Hubieras tenido que verme la cara leyendo los sms…te la dejo imaginar…”

Yo: “Y hubieras visto la mía d gozo escribiéndote los mens. Ya sabía q te iba a crecer la trompita”

Michela: “Trompita es nada en comparación a la que tenía…”

Esa fue toda la conversación.

Me levantó lo suficiente el ánimo. Y escribiéndoselos, me lo volvió a levantar [?][…]

Ah y bueno, lo de los signos zodiacales. Créanlo, es la purita verdad, ella y mi pareja, son igualitas –menos lo shuco, lo vegetariano y lo italiano, en eso, creo que es más a mí, en lo italiano, por supuesto-... ¡Las dos son del mismo signo!

(1) Con costumbres no muy higiénicas. Sucio. "La mesa está shuca -sucia-".
(2) Muchacha, chava.

jueves, julio 17, 2008

Tristemente aprendiendo

Hace casi dos meses me encontré con una amiga, algo triste. Me contó que le habían encontrado un cuerpo extraño en uno de sus pechos y que era maligno. El doctor le dijo que iba a hacer unas pruebas más para estar seguro del primer resultado, que si salían iguales, le tenían que quitar el pecho…

Casi pude ver cómo dejaba caer, hoja a hoja, cada uno de sus planes al suelo. Levanté los que pude. "Si te descuidás, el aire se los lleva".

Me puse con ella, unos minutos, a tratar de ver el nuevo cambio. Duro. Demasiado. Pero encontramos que, para seguir caminando, muchas veces hay que dar algo a cambio: un helado de nieve de fresa, una deuda, mucha distancia, paciencia, una amistad, el pelo, un matrimonio, los mejores años, el orgullo, un pedazo de nosotros.

Hace dos días la visitamos. Yo, algo nervioso porque ya tiene casi un mes de haberse operado. No sé si con la cirugía y la quimioterapia, que hoy comenzó, bastará, pero me sentí aliviado y orgulloso porque, nos recibió riéndose, relajada y hasta chapuda(*).

Esto me está haciendo pensar no sólo en los demás, sino que en mí también, para cuidarme un poco más.

*Con las mejillas bien rosadas

(Imagen tomada de campaña por la prevención en el siguiente vínculo)

martes, junio 10, 2008

Ojalá que no me la rompan

El fin de semana pasado estuve como visita en la casa de mi Mamá y casualmente, lo estaban también, mi Papá y mis tres hermanas.

Cenando todos, y como siempre suele suceder en cualquier comida con similares protagonistas, salieron los trapitos de cada uno cuando teníamos todo más corto –¡ejem! casi todo... ¡Los sueños! Por ejemplo-.

El asunto es que, últimamente el tema “estelar”, he sido yo. Y no crean que les voy a contar qué cáscaras me han quitado con tanta peladera. No, para nada. Pero una de ésas, la de la noche del sábado pasado, me dejó un poco pensativo.

Ustedes saben que todos los patojos –varones, hombrecitos, machitos-, son todos jodones e incansables, hay excepciones, pero rara vez se ven. No, yo no soy de ésos que no jodieron, al contrario, chingué tanto que esa plática fue el tema de la cena. Duró casi todo mi tamal…

Sin mentirles, podía estar corriendo, sudando toda mi ropa, todo el día. Y hacerlo igual al día siguiente. Físicamente he tenido cierta resistencia, pero más que físico, energía. Mi cuerpecito, de aquel tiempo[...], tuvo que adaptarse al constante gasto.

Cuando tenía doce años, gané un par de medallitas representando al lugar donde estudiaba, haciendo lo que hacía casi siempre, gastar y gastar, corriendo.

Esa necesidad, me ayudó mucho a meterme a varios deportes, fútbol, béisbol, básquetbol durante mi tiempo de estudios. Pero cuando me gradué en el noventa y cinco… Sí, comenzó a disminuir mi actividad física.

Durante ese tiempo hasta hace unos tres años, poco a poco aumentó mi ansiedad, mi cansancio. Las tensiones las llevaba a tuto a donde fuera y hacían tan pesado mi cuerpo, que ya me daba hueva hasta de ir al baño.

A pesar que no lo estaba, me sentía enfermo.

Obligándome a hacerme un horario, comencé a ir a un gimnasio. –Bueno, creo que también tuvo que ver que me comenzó a doler una de mis rodillas y el doctor me dijo que era por falta de ejercicio… ¡¿Qué?! No les miento, me asusté-.

Cada día tenía que obligarme a ir y cada vez era más difícil convencerme. Iba una semana completa y faltaba unas tres, completas también.

La verdad, en lugar de quitármela me aumentaba la tensión de sólo pensar tener que ir. Me pareció tan aburrido…

Los últimos meses que estuve, me ayudó el que fueran dos cuates conmigo. Casi nunca terminamos las rutinas pero las pláticas que se armaban me quitaron bastante mis tensiones.

Con estos mismos cuates, cada viernes, nos juntamos para ir a comer algo, jugar en la tele, ver alguna película o ver algún ánime.

El último ánime que vimos fue Hajime no Ippo, es sobre un muchacho pescador que conoce a un boxeador que lo defendió de unos compañeros del mismo instituto que le estaban dando mostaza. Por medio de este boxeador, él se interesa en este deporte.

De igual forma, caímos nosotros a practicarlo y a que nos hinchen un poco.

Ya llevamos más de tres meses.

Es una hora, cinco días a la semana… Me gusta. No, no me refiero a dar o que me den, sino que, no hay monotonía, que hay desgaste grande, que sé que es una hora pero es suficiente para que me haga buscar el olor de mi almohada después de lavarme todo el sudor y las penas del día.


miércoles, mayo 28, 2008

Ayer perdí a una amiga… “amiga” –mejor así-.

Comencé a trabajar una zanja, no muy profunda pero sí de unos ocho metros de ancho, entre vos y yo. Te diste cuenta, ¿vaa? Y ni adivinás desde cuándo… Ay Dios, ahora me saliste adivina. Pues sí, desde esa vez en La Sin Ventura que me dejaste como niño perdido en el mercado.

No entiendo qué te pasó o qué nos pasó -porque aún dudo si estoy libre de culpa-.

Desde que conociste a ese señor, cambiaste tanto...

Preferí tragarme el cuento que tramaste durante los días que dejamos de hablarnos después de esa noche, “…Se estaba comportando como niño terco y para que dejara de joder, accedí”. “Como ya no te vimos, nos salimos…”.

Creí que me considerabas tu cuate y que me tenías confianza para decirme algo como, “Mirá, a este chavo le llevo ganas, quiero terminar bien esta noche y por eso le dije que se encontrara con nosotros”. De verdad, hubiera entendido mano.

O bueno pues, “Estás de más vos. ¿Nos podrías dejar solos, tal vez… unos dos días?”

¿Me hubiera sentido mal? ¡Sí! Pero hubiera sido mucho mejor a tener que adivinarlo en tus gestos, y los gestos de animal en celo de tu aventura.

Lastimosamente se me regó tanto la decepción que encontró a la confianza y la violó. Y siguió haciéndolo durante los siguientes días…

Eso fue lo que evitó que me doliera tu correo ayer, “Lo siento por vos, porque acabás de perder una amiga”. Aparte de que, ¿cómo te puede doler perder a un amigo si tenés tantas dudas en que si realmente ha sido uno?

Aún sigo sorprendido desde tu telefonazo de ayer, prohibiéndome comentar en tu blog porque te estaba metiendo en problemas. Me conecté para revisar mis comentarios, por más que le metí desconfianza a la lectura que hice, no encontré nada problemático. Pero sí lo encontré en tu último post, puesto veinte minutos después de tu llamada. Señalándome sin hacerlo, de que estaban prohibidos los comentarios mal intencionados y con ponzoña.
Puta, si te escribía para que supieras que de alguna forma seguía pendiente de vos e interesado en tu mundo.


Jesús superestrella, soy un hijueputa clavero con talento en bruto –y bien bruto-.

jueves, mayo 22, 2008

Lo que trae los primeros chaparrones

Hoy no quería que amaneciera, mi Negra ha estado un poco enferma y también un poco temerosa por algunas cosas que le han pasado con una compañera de trabajo. Durante la noche casi no dormimos, trataba de desacomodarme para que ella estuviera más cómoda y se sintiera protegida. Finalmente se durmió, se le oía su respiración fuerte y alargada. Pobrecita.

Unas cuantas horas después comencé a abrir los ojos por unos gritos y risas que venían de la calle. Eran niños. Jugando a no sé qué a las seis de la madrugada…

Nos levantamos, ella se fue a bañar y yo a hacerme mi desayuno, como la rutina lo ha establecido.

Saliendo tarde a mi trabajo –como la rutina lo ha establecido. Insisto.-, vi a los niños, varios, como siete, todos nerviosos, corriendo de un lado para el otro y gritando, otros burlándose de alguno. Por un segundo de un segundo, dudé de la hora y del día. Pero no, era hoy, y no otro día, ni feriado ni mucho menos sábado o domingo.

Zompopos, los últimamente impuntuales, zompopos. Por todos lados, algunos enormes, medios bolos sin poder caminar bien.

Hacía tiempo que no miraba algo así, creo que la última vez fue cuando tenía siete años.

En todo el camino antes de llegar a la carretera, encontré tanta gente con bolsas medias llenas y pesadas por tanto insecto. Me dejó una sensación bonita, relajada, hasta sentí la punta de la aguja de la inyección de voluntad para seguir haciendo algo por nuestro desvalorizado y moribundo ambiente.

viernes, mayo 16, 2008

Mi razón se desconecta

Quiero que encontrés a alguien que te cuide mucho. Yo ya no puedo, estoy funcionando por inercia. Rompí mi ilusión y la burbuja que hice para que nada te pasara y te protegiera siempre.

Aún tengo la misma gana de cuidarte, sólo que ahora estoy manchado y se me está corriendo al resto.

Este vídeo me suena a nosotros, hasta ella se parece a vos.

Mi Patoja, cada vez siento el momento de tu independencia. Me da mucho miedo el desconectarme.

martes, mayo 13, 2008

La lonja de mi dolor

Ya tenía como un mes de no pensarlo, hasta creo que ni de sentirlo.

Pero sigo sin aprender. Otra vez redescubrí -creo que es la 77a vez, en estos casi 10 años- que no se puede cambiar a la persona que no quiere ser cambiada, que espera a que la cargués por siempre; la que has acostumbrado a que así será y se lo has prometido, incluso cuando ella está inconsciente por los galones de guaro que se ha tragado.

¿Por qué atraerá tanto lo que te hace daño? ¿Será porque es más fácil o, porque el morbo del dolor lo hace más rico? La verdad no sé cuál de las dos opciones sea, o si es alguna de ellas.

Lo cierto es que desde el sábado estoy otra vez con mi depre Aguilar. Ya estaba contento porque ya sólo me faltaba quitar lo nublado de mis anteojos y el del windshield de mi quicoc. Comenzaré a limpiar al revés mejor.

Trato de ponerme en los pies de Cuéllar, a pesar de su corta edad -va para los 19-, sabe y entiende lo que quiere. Su novio... perdón, su ex novio, no podía verla tan seguido como uno quisiera cuando comienza una relación. Pero enérgica y sin cambio visible, terminó la relación por esa razón y otras que ayudaron un poco a su decisión. El pobre hombre no sabe qué hacer, ella sí -lo curioso es que yo también soy un pobre pizao porque no hay modo que me decida-.

Mientras tanto, arbitraré otra pelea y le haré el amor, como si nada, a la lonjuda de mi vida.